Este laboratorio abraza la lógica del agua y su intrínseca fluidez acompañándose de prácticas situadas en torno a cuerpos de agua que reflexionan sobre esta intermitencia y transformación, sobre la capilaridad o la escorrentía, sobre la humedad que permea y satura todo lo que rodea. Problematizando la supuesta separación material del agua de su cuenca para justificar su transaccionalidad por volúmenes móviles o los tiempos de travesía y reconocer la humedad que conecta más allá del río, el humedal, el mar, la salina. El considerar las aguas como un eje permite reconocer una continuidad mojada que produce relaciones materiales y culturales sujetas a fusiones y deformaciones aceleradas. Sitúa la investigación en torno a prácticas que permitan explicar los territorios no a través de diagnósticos puntuales sino a través de un minucioso mapeo de órdenes materiales, inmateriales, infraestructurales y afectivas porosas y dinámicas. Prácticas que reconocen desde la investigación, acción o imaginación un estado de fragilidad molecular, inestabilidad erosiva y transformación cíclica que pone a prueba la noción moderna de las estructuras y en consecuencia, para mi satisfacción, ponen en tela de juicio el rol y la naturaleza de la arquitectura.